Oruro

Museo Simón I. Patiño – Oruro

Museo Simón I. Patiño. Oruro, ciudad industrial y comercial tiene entre sus monumentos históricos una de las casas señoriales más importantes del siglo XX,…

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Altitud 3700 msnm

Descripción

Museo Simón I. Patiño – Oruro

El archivo personal de Simón Iturri Patiño, de valor singular en la historia minera boliviana, está ubicado en la parte inferior de su casa señorial. Confinado a un espacio reducido, no corresponde con el alto valor de la documentación que custodia.

Oruro, ciudad industrial y comercial tiene entre sus monumentos históricos una de las casas señoriales más importantes del siglo XX, cuyo valor se acrecienta notablemente por el archivo que dejó su propietario, el magnate industrial Simón I. Patiño, como testimonio del auge de su emporio en la segunda década de ese siglo. En noviembre de 2011, miembros de la Carrera de Historia de la UMSA realizamos una visita de estudio, cuyas impresiones compartimos en esta oportunidad.

El Museo “Simón I. Patiño”, se encuentra ubicado en la ciudad de Oruro, en la calle Soria Galvarro # 5755, entre las calles Ayacucho y Cochabamba, depende de la Casa de la Cultura de la Universidad Técnica de Oruro. Es uno de los ejemplos más representativos de una residencia de la élite minera de principios del siglo XX. Como su nombre lo señala perteneció al industrial boliviano, Simón Iturri Patiño y su familia. Uno de los Barones del Estaño, destacó en la industria minera logrando un control de las reservas mundiales de estaño. Nacido en K’arasa, Cochabamba (1860), contrajo matrimonio con la dama orureña, Albina Rodríguez, con quien tuvo cinco hijos: René, Antenor, Graciela, Elena y Luzmila. Esta familia habitó la hermosa residencia hasta 1912, año en el que emigraron a Alemania.

Construida entre 1900 y 1903 por arquitectos franceses, se adscribe al estilo neoclásico de la época. Consta de dos plantas que han sido conservadas íntegramente. Una Hermosa escalera en forma de T, da acceso a la planta alta. Plagada de cuadros importados de Francia y Alemania, cada una de las habitaciones, se hallan increíblemente conservadas. La amplia sala de visitas cuenta con muebles franceses, cortinas, alfombras, arañas, empapelado de las paredes, todo de una sorprendente belleza y fino acabado. De interesante factura es la silla “confidet” (tú y yo), destinada a la conversación íntima de las parejas. Las habitaciones ostentan hermosas pinturas de la pareja, realizadas por el pintor Abelino Nogales. El comedor de estilo neoclásico, la sala de juegos para caballeros y la sala de costura para damas, muestra la cultura patriarcal imperante. El sorprendente salón de música, con un orquestón traído desde Alemania, dos pianos, vitrola, violonchelo, discos de tambor originales de la época, armarios de pared estilo Luís XVI, sillas bañadas en pan de oro y una magnifica chimenea de marfil, nos señalan la excelente posición económica de Patiño. Una cocina dotada de un refrigerador, quizá el primero que llegó a Bolivia. Los baños, con artefactos sanitarios, para varón, mujer y niños, en la que destaca el bidet de Doña Albina y la bacinica de Antenor. La capilla privada y su oratorio, muestra la fe católica de los potentados. La farmacia o botica, esencial para atender la salud de los niños. La alcoba y los dormitorios, son sorprendentes, dotados de lo mejor en muebles y calefactores a bulbo para combatir el frío glaciar de esa ciudad. Lo único que no encontramos en ese palacete, son libros, lo que constata la aversión del magnate hacia la lectura. La colección de fotografías que adornan la casa requiere mención aparte, pues retrata la realidad de Oruro así como de las minas que pertenecieron a la familia. Gracias a sus registros, fotógrafos como Nemesio García, los Hnos. Valdez, A. Sterling y Carlos Portillo, destacan como verdaderos artistas y profesionales, que han dejado legado invaluable, en un testimonio que muestra la cruda realidad de la época: boato para un puñado de industriales, pobreza extrema de sus trabajadores y ansias de progreso y superación de su población civil.

En la planta inferior se conservan tres carrozas de la familia, cada una destinada a determinados fines: una moderna para paseos citadinos, otra para excursiones en el área rural y otra más fornida y resistente, para viajes a otras ciudades. En el patio trasero, se encuentra el establo de caballos, cuyas cuadras albergan hoy (ante falta de lugar más apropiado) el Archivo Administrativo de la Universidad Técnica de Oruro (¡…!). En ese mismo sitio, dos pequeñas habitaciones resguardan su archivo, un verdadero tesoro documental, que dejó el industrial antes de marcharse a Europa de donde nunca más volvió con vida, pues ya edad provecta falleció cuando intentaba aclimatarse para regresar a su añorada Cochabamba, donde mandó construir un palacio.

El archivo personal de Simón Iturri Patiño, de valor singular en la historia minera boliviana, está ubicado en la parte inferior de su casa señorial. Confinado a un espacio reducido, no corresponde con el alto valor de la documentación que custodia. En ella se han realizado ya varias tesis doctorales, las que han creado expectativa en el mundo académico, para comprender la génesis del capitalismo en Bolivia. A pesar de tu alto valor, el archivo no se encuentra clasificado del todo, aunque no debemos desmerecer el trabajo realizado, ya que sus responsables nos informaron que la documentación se encontraba abandonada en un sótano, en medio de humedad y completamente desordenada. Gracias a la cooperación española se logró una primera organización técnica, en una parte del archivo.

Entre su documentación destaca el proyecto de la carretera Cochabamba-Río Isibóro Sécure, realizada en 1912 por una empresa alemana. El estudio, plasmado en curiosos expedientes contiene información sobre cotas, curvas de nivel, túneles, alcantarillas, resultado de un levantamiento de la topografía de la región. Las fojas de este peculiar expediente tienen una extensión de 10 a 30 metros lineales cada una, por lo que constituye un alarde de la ingeniería civil de la época y merece ser postulada a la Memoria de la Humanidad.

Paradójicamente, como hoy, ese proyecto vial lamentablemente no se concretó, se dice, por una puerilidad, ya que él magnate minero quería que el Ferrocarril llevara su nombre, extremo al que los cochabambinos se opusieron. Es el mismo proyecto de la Carretera del TIPNIS.

Negativos en placas de vidrio de las minas de Patiño, del Banco y del Palacio Portales en Cochabamba, forman otra colección valiosa. Abundan libros copiadores, realizados en papel seda, adelanto tecnológico de la reprografía del siglo XIX, que generó una primera crisis laboral al provocar el despido de los copistas, inútiles ante aquel prodigioso invento. Por último, este archivo atesora una pequeña colección de periódicos, con títulos como La República de Santiago de Chile, El Progreso de Bolivia, La Razón, La Unión, The Times de Londres, también de la época.

Es sorprendente que la Casa Señorial se hubiera conservado tan intacta, a pesar de la coyuntura política que determinó su expropiación en 1952 y luego de la cruel relocalización neoliberal de 1985, para ser transferida a la Universidad Técnica de Oruro, casa superior de estudios que tiene en este Museo y su Archivo, un tesoro invaluable para la historia de Oruro en particular y de Bolivia en general. Es de esperar que la administración de esa universidad reaccione positivamente y le otorgue los recursos económicos y humanos que tanto requiere y se ponga a la altura del tesoro que la casualidad histórica le ha deparado para custodiar, labor que hoy cumple a medias, lo que es incomprensible.

Escrito por: Fabiola Linares y Luís Oporto Ordóñez
Fuente: http://www.la-epoca.com.bo/

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